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Ponte-Demo
(leyenda)
Hace muchísimos años vivió en estas tierras una hermosa joven que poseía inmensas riquezas y todos los terrenos que hay de una y otra orilla del río Eume. Un día quiso visitar sus haciendas de la ribera opuesta y atravesó el río, que entonces era muy poco caudaloso, en una ligera embarcación.
Se detuvo tanto tiempo en la otra orilla que cuando volvió a buscar su batel para regresar al castillo, se encontró con la inesperada sorpresa de que el río había crecido enormemente y estaba convertido en un brazo de mar, tal y como es hoy. La barca y los dos hombres que en ella quedaron habían sido arrastradaso por la corriente. Esto irritó bastante a la joven dama que precisaba volver de inmediato a su castillo, pues asuntos urgentes la requerían allí. Maldijo su suerte, pero al poco rato apareció a su lado, discretamente, un joven bien vestido que hablaba de muy buenas maneras. Éste le brindó la oportunidad de atravesar facilmente el río sin pedirle a la dama otro favor que el de marcar con su sello un pergamino que el joven portaba enrollado en su mano.
La ofuscación desesperada de la joven, en su deseo por llegar cuanto antes a su castillo, la impulsó a rubricar el pergamino sin detenerse en su contenido. Al pronto apareció ante sus ojos el puente que hoy atraviesa la ría, envuelto en una diabólica humareda. El olor a azufe apestó la comarca durante varios días.
Al joven no se le volvió a ver hasta un par de años después, que llamando a las pueras del castillo de la dama solicitó una audiencia con ella. Entonces le requirrió que cumpliera con lo que habían pactado y sellado en el pergamino, en virtud de lo cual la impaciente joven dama se obligaba a entregarse su alma, como recompensa de su trabajo, en el momento en que él (el diablo) lo requiriese.
Para cumplir lo pactado llevó a la Señora a la parte más elevada del puente y le ordenó que se arrojase a las frías aguas del río. Angustiada, la dama pidió protección al Espíritu Santo y el diablo se vió obligado a abandonar a su presa, desapareciendo para siempre.
En el lugar de estos hechos la noble dama mandó construir una capilla y, desde entonces, al puete lo llamaron Ponte do demo, que quiere decir Puente del diablo, y así fue derivando en Ponte-demo... Ponte-deume...
Roxín Roxal
El Castillo del Hambre